El Quijote y Sus Refranes: Al buen entendedor…

Al buen entendedor, pocas palabras (Capítulo XXXVII)

Desde hace tiempo queríamos empezar una serie de artículos sobre el Quijote. Esta obra maestra de la literatura española es uno de los primeros libros que recomendamos para los Grupos de Lectura. A pesar de ser un libro voluminoso y de difícil lectura, sigue siendo uno de los mejores libros escritos, del que se puede sacar mucho provecho en casi todos los aspectos de la vida diaria.

Inspirados por un artículo del blog de Larry Downs empezamos esta serie de El Quijote y Sus Refranes. En ella iremos poniendo los refranes más representativos de esta obra con unos pocos comentarios. En la mayoría los comentarios sobran ya que son dichos populares, que ya lo eran en la época de Cervantes y continúan siéndolo.

Por ejemplo, este dicho (Al buen entendedor, pocas palabras) no requiere muchas explicaciones, sobre todo al que sea buen entendedor. A veces nos liamos escribiendo o hablando para explicar muchas cosas, cuando lo podríamos hacer más sucintamente para una gran mayoría de nuestros lectores u oyentes. Cuando una persona sabe del tema, aunque sea un poco, no necesita más que un par de palabras para entenderlo. Y lo mismo cuando una persona tiene una buena disposición para escuchar y entender.

La aplicación que este dicho tiene para los negocios (y para la vida) es fundamental. Quizá nos deberíamos enfocar primero en aquellos que tienen la disposición de escucharnos y que están abiertos a nuestras ideas y lo que ofrecemos. Para estos no necesitamos muchas palabras, solo las específicas. Si tenemos una tienda de libros, o somos el encargado de atraer usuarios a la biblioteca, deberíamos ver como atraemos primero a los asiduos lectores, a aquellos que ya conocen las ventajas de leer. Para estos necesitaremos un tipo de campaña diferente que si queremos atraer a la población en general. La publicidad y promoción que hagamos no necesita tantas “palabras” sobre los beneficios de la lectura, que son obvios para este segmento del mercado, sino sobre los beneficios de un libro en particular, por ejemplo. En cambio si queremos atraer a otro segmento del mercado quizá no tan “buen entendedor” deberíamos usar otra estrategia que cuente con más “palabras” ya que primero tendremos que hacerles ver las ventajas de leer, crear un hábito de lectura, y después podremos pasar al libro en particular.

Ambos mercados son necesarios y debemos fomentar la pasión de leer tanto en buenos como en malos entendedores. Y también darnos cuenta de a cual de estos grupos pertenecemos nosotros en otros aspectos de la vida. Si necesitamos muchas o pocas palabras para darnos cuenta de lo que vemos alrededor. Y cómo podemos pasar a ser buenos entendedores para llevar una vida más rica en todos los aspectos. Y como vemos, la respuesta está en los libros, en este caso en uno escrito hace 400 años, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Muchas gracias,

Sus amigos @ SBD

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