Las tiendas de libros y las editoriales, una relación interdependiente

Los últimos días se ha hablado mucho de Waterstone (una cadena de librerías inglesa) ya que se ha descubierto que cobra a las editoriales por colocar los libros en lugares preferenciales. Muchos de los que están fuera de la industria se han rasgado las vestiduras pensando que la actividad cultural se ha topado de frente con la actividad comercial y que los libros se han vendido como si simplemente fuesen un producto cualquiera. Para bien o para mal, esta práctica, común en muchas otras industrias, está enraizada en el mundo de los libros. Bajo diversos nombres (co-op generalmente en el mundo editorial americano) se viene realizando no solo en las tiendas físicas de libros, sino también en las virtuales. Amazon.com cobra desde el principio de su existencia por diversos tipos de presentaciones que promocionen más el libro.

Quizá esto ha sorprendido a los lectores debido a que esta práctica no estaba difundida. Si bien es cierto que la industria no hace demasiadas cosas para ocultarla, tampoco lo comunica a voz en grito. Lo curioso del caso es que en otras industrias no nos preocupa que eso ocurra sino más bien lo entendemos como un aspecto normal en las relaciones entre los fabricantes de productos y los que se los venden al publico. Sabemos que cuando vamos al supermercado a comprar la mermelada, la que está en la balda principal a la altura de los ojos es la que ha más ha pagado por estar ahí.

Pero aún así todavía hay parcelas en nuestra vida en la que preferimos que haya cierta objetividad. Esto se refleja sobre todo en las críticas de los productos o servicios. Cuando leemos la crítica del último automóvil en una revista, no queremos pensar que el fabricante se lo ha prestado durante una semana al periodista, con gasolina, seguro y demás gastos pagados, para su uso personal y que le ha dado una hoja con las características principales que el departamento de relaciones públicas quiere potenciar. Y que la siguiente semana le va a prestar otro con las mismas condiciones.

Nos cuesta pensar que los bastiones del conocimiento hayan sido atacados por los legítimos intereses comerciales. Y sobre todo cuando irrumpen en la cultura o el entretenimiento. Queremos saber que la crítica del automóvil, restaurante, película, o libro que estamos leyendo, no está teñida por las manchas del dinero. En la mayoría de los casos no está teñida. En la mayoría de los casos los libros que se eligen para poner en lugares preferenciales son los que el librero cree que se van a vender mejor. Muchos de los clientes que entran a una librería van buscando un libro específico que ha visto en algún otro sitio, como la biblioteca pública, o lo ha visto en alguna publicidad . El librero quiere que lo encuentre fácilmente para que no vaya a otro lado a buscarlo. Y de paso que encuentre otro libro a su lado.

Eso no quita para que una vez elegido el libro preferencial, el librero no intente llegar a acuerdos con la editorial para que esta pague por ese tratamiento especial, por poner el libro en un sitio de mayor visibilidad. La mayoría lo acatan sin problema porque les supone más ventas. Además, sobre todo si se trata de cadenas de tiendas que tienen un impacto fuerte en el éxito comercial de un libro, a las que solo se puede negar a sus requisitos un número muy limitado de veces. No siempre el intercambio se hace por medio de dinero, muchas veces es por términos más favorables, como un porcentaje mayor de descuento. Y muchas veces estos términos se trasladan directamente al consumidor en forma de descuentos especiales para estos libros populares.

En otras ocasiones son las editoriales mismas las que empujan este tipo de acuerdo, dando un mayor descuento a los libreros que ponen los libros o anuncios de estos en lugares preferenciales como los escaparates, mesas en la entrada, finales de estanterías o cajas registradoras. Incluso dándoles estantes especiales para poder promocionarlos mejor. O comprando anuncios en los boletines que mandan a sus clientes. Sean estos acuerdos correctos o no, quizá no sea lo que importe. Lo que importa es la percepción del lector, que se está dando cuenta que una industria que pensaba que era un protector de lo cultural y del entretenimiento, es un realidad también un lógico protector de los intereses comerciales de sus socios participantes.

Las librerías y las editoriales, así como todos los que participamos en la industria del libro intentamos trabajar conjuntamente, compartiendo información. Es muy beneficioso para el librero saber que libro piensa la editorial que va a ser popular de acuerdo a los estudios que ha hecho, muchas veces junto con el autor. Así mismo, la editorial necesita saber cuando un libro está vendiéndose bien para aprovechar esa inercia e imprimir más copias. Mientras esta relación sea transparente y a favor del lector, no hay ningún problema. Pero también existen muchos casos en los que la maquinaria editorial y publicitaria se mueve para producir un bestseller a medida.

Así es. Muchas veces los libros son populares porque alguien los quiere hacer populares, otras veces son populares porque mucha gente los hace populares. La ventaja de esta industria es que el gusto continúa estando en el consumidor. No hay, con excepciones, libros buenos o malos, libros populares o desconocidos, lo que hay son lectores y gustos.

Como nota, en nuestra compañía tenemos la política de no aceptar dinero ni prebendas para darle una exposición preferencial a un libro. Los libros que presentamos los elegimos nosotros, no la editorial por nosotros. No vendemos anuncios ni espacios en nuestros catálogos o páginas de Internet. Si creemos que un libro no va a gustar a nuestros clientes, no lo incluimos por más que la editorial insista. Quizá esto es lo que se denomina ser independiente. De éstos, quedamos muy pocos entre los que nos dedicamos a la venta de libros. Sabemos que esta actitud nos lo agradecen nuestros clientes, principalmente las bibliotecas públicas ya que éllas también mantienen bien alto el estandarte de la independencia cultural .

Así que la próxima vez que quiera un libro, busque un librero que tome sus decisiones independientemente de las editoriales. Así no se tendrá que preocupar si un libro está justo delante de usted, bien iluminado, o si está escondido en una de las estanterías de atrás, recogiendo polvo. Escoja el que más le guste y disfrútelo. Eso es lo que hacemos nosotros.

Muchas gracias,

Sus amigos @ SBD

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